El RÍO Y LA ORILLA
Supongo que también a vosotros os habrá ocurrido alguna vez: De repente, una canción que suena en la radio, una frase en una película, o un artículo en la prensa, parece que te esté hablando a tí directamente. En ese momento, si además el mensaje viene envuelto en forma de arte, uno siente cierta envidia por no haber sido su creador. Esto me ocurrió hace unos viernes, en EL PAIS, en un artículo de Juan Luis Cebríán, acerca de una película: "Tener y no tener". Su guión es sencillo, la historia también, pero en verdad dice mucho más de lo que parece. Va por vosotros, para tí, porque quizás, si me quieres, si mi sigues, si me entiendes, entonces, quizás, a tí también te lleguen estas palabras...
"...Sin embargo, "Tener y no tener" es de 1944, cuando ya se descontaba la derrota de Alemania en la guerra, y los aspectos políticos del guión resultan, a la larga, marginales o anecdóticos. La película es, sobre todo, la historia de una seducción y no cabe duda de que el hecho de que Bogart y Bacall se enamoraran también entre bastidores contribuyó a lograr esa formidable intensidad dramática que emana de sus imágenes. La relación entre ellos es cualquier cosa menos lo que habitualmente se entiende por romántica: está basada en la complicidad y la inteligencia. También, sin duda alguna, en una sexualidad que trasciende a todo tipo de convencionalismo, tanto en los diálogos como en lo que ahora se llama lenguaje corporal, tan bién expresado, por cierto, en la escena final, cuando la Flaca (Slim), abandona para siempre el hotel Marquis en compañía de Steve (Bogart). Éste es un antihéroe convertido, finalmente, en valeroso triunfador. Su entrañable relación con el marinero alcohólico y la pasión que en él despierta el carácter aventurero y retador de la mujer constituyen, sin embargo, la verdadera justificación de sus actos. "Tener y no tener" es, desde ese punto de vista, una película sobre el compromiso humano y la lealtad de aquellos que no se preguntan tanto sobre la justicia de sus actos en relación con el orden convencional establecido, sino sobre la deuda que contraemos con las personas queridas (lo que ahora se llama, mucho más expresivamente, nuestros compis, o colegas). La moralidad que emana del filme es la camaradería, fundada en los sentimientos humanos y en la condición fungible de nuestra existencia. Hasta el punto de que el ejemplo de los resistentes antifascistas, dispuestos a lo que sea en defensa de la libertad, palidece ante ese impulso vital fruto no tanto de las convicciones morales o intelectuales como del somteimiento a las necesidades del otro.
Lo que Steve y Slim, Bogart y Bacall, hacen durante más de hora y media es darse marcha mutuamente, hasta límites insospechados, en un despliegue de egoísmo amoroso en el que no hay lugar para blandenguerías. La mezcla de nobleza y oportunismo del marino contrasta con el explosivo cóctel de dulzura y dureza de la chica. Los dos son unos supervivientes, y eso basta para definirlos, porque el guión no nos da pista alguna para saber de qué, o por qué, o para qué sobreviven. Las contradicciones y ambigüedades de toda relación pasional fluyen entre ellos con una sinceridad y una transparencia que choca con cualquier imagen prefabricada de la vida en pareja. La honestidad del planteamiento es tal que Hawks logra aquello de lo que sólo los genios son capaces: el espectador forma parte integrante de la película y los personajes, tan alejados en el tiempo, en la geografía y en sus propias biografías, nos son del todo familiares y entrañables. De modo que queremos ser como ellos, tener una chica o un hombre así, tan de verdad, unos amigos tan buenos, y vencer a los malos no tanto por que lo sean, sino porque han querido hacernos daño, y eso no vamos a permitirlo."
4 comentarios
netesfera -
marquinho -
capitanmierda -
¿te referías a mi en el primer párrafo?
gracias amigo,auu espero tu llamada truhan de vida alergre. pásate por mi plataforrma y acordamos la tertulia de los cinefilossssssssssss zaszas no dejaremos títere con cabeza
Masia na coraçaô! -