"REVISITANDO"
Cuando uno se entera, gracias a uno de esos estudios de mercado que lo analizan todo, de que los mayores de treinta años no acuden al cine, empieza a cuestionarse muchas cosas. A uno mismo, por ejemplo. Cuando era pequeño, un familiar a quien suponía sabio entonces, me explicó su manera de distinguir entre buen y mal cine. Según él existían tres categorías de películas: Las que me arrepiento de haber visto. Aquellas de las que no me arrepiento pero que no volvería a ver. Y las que volvería a ver. Después de treinta años de esta simple clasificación, he tenido muchas ocasiones para confirmar la sapiencia de aquél hombre. Reconozco que su técnica crítica me ha sido muy útil hasta ahora. Pero no sólo para las películas, sino también para la música, para los libros, incluso para las personas. Para la vida. Con una sola frase, mi padre me dio una práctica y sintética pauta de valoración que me ha servido siempre.Ni cualquier tiempo pasado fue mejor. Ni creo en la nostalgia como única forma de onanismo. Me asusta la sacralización del Canon, y creo que las torres de marfil no dejan pasar la luz del sol, mi estrella favorita. Pero el gusto es algo que se va formando con el tiempo mientras uno pasea. Y después de recorrer muchos caminos, el paseante , sin saber porqué, se acaba encariñando con unos más que con otros. Hay quien se siente más cómodo al andar por un sendero de grava, otros en cambio prefieren las aceras. Mientras andamos, formamos nuestro gusto según el paisaje.
Reconozco formar parte de esa franja de población mayor de treinta años que cada vez va menos al cine. Que cada vez se interesa menos por las novedades editoriales, y que cree que después de los Beatles y de la creación de la minifalda, el arte ha dejado de inventar. Hay quien se empeña en guardar en su maleta todo su pasado. Demasiado peso. Con el tiempo, mi equipaje es cada vez más liviano. Sólo me acompañan aquellas películas, aquellos libros y aquellas personas, que no me arrepiento de haber conocido. Hay algunas secuencias de buen cine, que no me canso de ver. Ciertas poesías, que son nuevas cada vez que las releo. Muchas notas musicales, que cobran vida con solo pensarlas. Algunas llevan asociadas bellas imágenes, que han quedado instaladas en mi imaginario cinematográfico.
El placer, aunque distinto, siempre es dulce cuando uno revisita aquellos lugares que le hicieron feliz. Qué difícil es, en cambio, no tener pesadillas cuando de madrugada, las imágenes del horror de una guerra nos asaltan. O vemos a Bush fumando un puro, o a Aznar mirándonos con su media sonrisa.Cuesta mucho librarse de aquellos fantasmas, inspiradores de la injusticia mundial, que preferiríamos no haber visto jamás. Como las malas películas.
4 comentarios
sergio -
Ruffi -
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